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José María Olazábal, referencia del golf, cumple 60 años

Jugando al golf desde los dos

Guillermo Salmerón | Miércoles 04 de febrero de 2026

A sus sesenta años (Fuenterrabia, 5 de febrero de 1966), que cumple este jueves, José María Olazábal sigue siendo mucho más que un campeón. Es un símbolo. Un latido profundo del golf español y europeo. Un competidor feroz y, al mismo tiempo, un hombre de una sensibilidad extraordinaria. Un deportista que ha marcado generaciones y que ha dejado una huella imborrable en la historia de este deporte. Hablar de él es hablar de excelencia, de resiliencia, de amistad y de una pasión inquebrantable por el golf.






Olazábal nació en Hondarribia, en el País Vasco, al día siguiente de la inauguración del campo del golf Real Golf Club de San Sebastián, junto a la casa de su familia. Su padre, Gaspar, sucedió a su abuelo como greenkeeper del club de golf, donde también trabajaba su madre. Olazábal empezó a golpear bolas de golf a los 2 años con un palo recortado, y a los 6 años ya podía practicar en el campo por las tardes.

"Se que mi madre puso las banderas del club el día antes de la inauguración y ha sido una maravilla estar viviendo tan cerca de un campo de golf y vivir las experiencias que me ha dado todo eso. Jugué muy pronto y sí, llevo toda la vida con esto del golf".

Como aficionado, representó a España en todas las categorías y además con victorias importantes destacando sus triunfos en todas las categrias del British Open, a excepción de la profesional. Su carrera profesional está jalonada de momentos inolvidables, pero ninguno tan icónico como sus dos victorias en el Masters de Augusta, en 1994 y 1999. La primera lo consagró como uno de los grandes talentos del golf mundial; la segunda, tras superar una lesión que lo tuvo prácticamente fuera del circuito, lo elevó a la categoría de mito. Aquella chaqueta verde de 1999 no fue solo un triunfo deportivo: fue una declaración de vida. Un mensaje de que la voluntad puede más que el dolor, que la fe en uno mismo es capaz de doblegar cualquier sombra.

"Es dificil quedarme con un momento concreto de mi vida deportiva, ya que he tenido muchos y muy buenos. Siempre tendré la duda entre quedarme con un Masters de Augusta o la Ryder de 2012 12 en medinah. También un momento muy importante de mi carrera fue cuando recibí el premio Principe de Asturias en 2013".


Pero si hay un capítulo que define la grandeza humana y deportiva de Olazábal, ese es la Ryder Cup de Medinah 2012. Como capitán del equipo europeo, lideró una de las remontadas más épicas jamás vistas en el deporte. Europa llegó al domingo prácticamente derrotada, pero el espíritu que él transmitió —alimentado por el recuerdo y la inspiración de su amigo del alma, Seve Ballesteros— encendió una llama imposible de apagar. Aquel triunfo, sellado con emoción, lágrimas y un homenaje eterno a Seve, es ya parte del patrimonio sentimental del golf europeo. Fue la Ryder de Olazábal, la Ryder de Seve, la Ryder de la fe.

"Aquella Ryder fue muy espectacular y con el recuerdo de Seve a flor de piel en cada momento, es verdad. me ha dado mucha pena conocer la noticia del vandalismo con el que han tartado su estatua, el robo y el destrozo que han hecho. espero que puedan hacer algo y si no pueden volver colocar la estatua que pongan otra. Mi relación con seve fue muy especial. le conocí con 17 años y lamentablemejnte se nos fue muy pronto. Entre otras cosas compartí con el la Ryder Cuip de 1981 y para mi fue una enseñanza brutal. Es y será un icono para todos nosotros".






La relación entre Olazábal y Ballesteros es uno de los vínculos más profundos y conmovedores que ha dado el deporte español. Dos genios, dos personalidades distintas, dos almas unidas por una pasión común. Juntos formaron una de las parejas más temibles de la historia de la Ryder Cup. Pero más allá de los resultados, lo que perdura es la amistad sincera, la complicidad, el respeto mutuo. Seve fue inspiración para Olazábal; Olazábal fue equilibrio para Seve. Y ambos, juntos, elevaron el golf español a una dimensión universal.

Su trayectoria también ha sido reconocida entre otros con el Premio Príncipe de Asturias de los Deportes, en 2013, un galardón que subraya no solo su palmarés, sino su ejemplo, su integridad y su contribución al deporte mundial, con el trofeo Sir Henrry Cotton al novato del año en 1986 y forma parte del Hall of Fame en su promoción de 2009, además de tener un palmarés espectacular con 23 victorias en el Tour Europeo, seis en el PGA Tour estadounidense, tres en Asia, además de haber tomado parte como jugador en siete Ryder Cups habiendo ganado cuatro.

Entre ellas la de Valderrama en 1997 con el propio severiano como capitán y ahora con las miras puestas en la de 2031. "Espero verla como aficionado, pero de ninguna manera como capitán o vicecapitán. Eso ya pasó para mí. he estado como vicecapitán en las dos últimas ediciones yla Ryder ya es un evento demasiado grande donde casi sufres más que disfrutas. Para 2031 en Cataluña veo a varios jugadores con posibilidades de ser capitán como el inglés Justin Rose o Sergio García, aunque con la situación con el LIV y el Tour europeo, la cosa está complicada para el de Castellon".

A lo largo de su carrera, Olazábal brilló tanto en el DP World Tour como en el PGA Tour, donde acumuló victorias, prestigio y admiración. Su swing compacto - ha sido considerado como uno de los mejores jugadores con los hierros- su temple en los greenes y su capacidad para competir en los momentos decisivos lo convirtieron en un referente absoluto. Y aunque las lesiones y los problemas físicos lo golpearon con dureza durante varias temporadas, nunca perdió la dignidad ni la determinación. Su regreso tras aquellos años oscuros es uno de los relatos más inspiradores del deporte español.

Hoy, ya en una etapa más serena, compite ocasionalmente en el PGA Champions Tour, donde sigue demostrando que el talento no caduca. Además, mantiene un papel fundamental en el desarrollo del golf español gracias a su estrecha colaboración con la Real Federación Española de Golf y su implicación en el Pro Spain Team, donde acompaña, guía y supervisa a las estrellas del presente y del futuro. Su experiencia, su mirada estratégica y su sensibilidad deportiva son un tesoro para las nuevas generaciones.

"Ahora no estoy jugando mucho, estoy algo tocado con una lesión en el hombro, pero espero que vaya mejorando. estoy algo mejor, pero no al 100%. Aún así voy a probarme en unos días en el torneo que se va a jugar en Marbella con ocasión del legends Tour, así que de momento toca esperar en el PGA Champions Tour".






A los sesenta años, José María Olazábal no solo es uno de los mejores jugadores de la historia del golf. Es un maestro. Un referente moral. Un embajador de nuestro deporte y de nuestros valores. Un campeón que ha ganado mucho, sí, pero que ha dado todavía más.

Y lo mejor es que su legado sigue creciendo. ¡¡Felicidades, José Mari!!


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