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Tiger Woods y el momento de dar el paso definitivo

Ryder Cup de 2027

Hugo Costa | Miércoles 31 de diciembre de 2025

No existe ninguna otra opción. Tiger Woods tiene que ser el capitán americano de la Ryder Cup en 2027 y no tengo dudas de que lo va a ser. El golf no debería contemplar ningún otro supuesto, y cualquier alternativa sería un acto cobarde y decepcionante por parte de la leyenda californiana, que ya celebra el medio siglo de historia. Mi tesis (más que información) se basa en el sentimiento y la lógica, pero se cimenta en tres sólidos argumentos:






La Ryder de 2027 no es una edición cualquiera: es el centenario de la competición desde que un comerciante de semillas llamado Samuel Ryder reuniera a clientes de uno y otro lado del Atlántico para una jornada de convivencia amistosa en torno al golf. El torneo se ha convertido en uno de los eventos deportivos de referencia, y como se vio en Bethpage, queda poco ya de amistoso. Sin duda, la del centenario será una edición especial.

Que esa edición tenga lugar en el resort irlandés de Adare Manor tampoco es casualidad. Se trata de uno de los campos de golf más espectaculares de todo el continente europeo y un sitio mágico, creado a golpe de talonario por su propietario, el multimillonario irlandés JP McManus, buen amigo de Tiger Woods desde hace años. Ya a finales de los 90 eran famosas las escapadas de Woods para pescar en algunas de las propiedades de McManus, y en los 2000, Woods no faltaba a los pro-ams que organizaba su amigo irlandés previos a la disputa del Open Championship.

Aunque quizá el motivo más importante trascienda a una efeméride concreta, un campo increíble o una amistad de años. Hace pocas semanas, Steve Stricker dio en el clavo: "ellos tienen a Seve". Desde la llegada de Seve Ballesteros en 1979, Europa se ha llevado el trofeo en 14 de las 23 ediciones, mientras Estados Unidos ha tenido que conformarse con 9 victorias. A lo largo de la historia de la Ryder Cup, los equipos europeos —con o sin Seve— siempre han tenido algo a lo que aferrarse, algo que trascendía lo técnico o el palmarés individual, algo que los hacía ser mejores que sus oponentes. Hablamos del espíritu de Seve, presente de una u otra forma a lo largo de los últimos años de competición. En la Ryder Cup D.S. (después de Seve), los equipos americanos no han sido capaces de encontrar un referente, una fuente de inspiración como la que los europeos siempre han tenido, han cuidado, protegido y, me atrevería a decir, venerado. Un 'santo' al que encomendarse antes de cada partido, antes de afrontar golpes decisivos. Sus 'milagros' en forma de batallitas se han transmitido de generación en generación en los diferentes vestuarios europeos.

Tras el batacazo de Bethpage y el apabullante dominio europeo con seis victorias en las últimas ocho ediciones, Estados Unidos necesita algo para remontar este momento de crisis. No gana en campo contrario desde 1993, y hacerlo en Adare Manor sería una auténtica gesta, quizá ese revulsivo al que puedan aferrarse las próximas generaciones de jugadores. Por eso, Estados Unidos necesita a Tiger Woods. Aunque no haya sido, ni mucho menos, un jugador determinante en la Ryder Cup, su figura lo es todo en el golf. Debe dar un paso adelante, remangarse y cambiar el sino de la competición en favor de las barras y estrellas. La apuesta podría saltar por los aires, pero Woods nunca ha sido de esconderse, y es el momento de exponerse.

Lo es porque Woods ya tiene 50 años, y lo más lógico, si su físico lo permite, es que mire más al Champions Tour que al circuito regular. Tiger aún tiene un enorme ascendente sobre todos los jugadores, es la cabeza visible del comité del PGA Tour, conoce a todos y está pendiente de los jóvenes valores. Las generaciones que van surgiendo siguen tomando como referencia a Tiger, a quien idolatran.

Lo dicho, y es más que un deseo para 2026: cualquier otra decisión que no sea ver a Woods capitaneando a Estados Unidos será una decepción. La decisión la tendremos en el primer trimestre del año.


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