28 de septiembre de 2020, 9:56:23
Opinión

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Número 1

Por Valentín Requena


Se veía venir. La trayectoria ascendente de Jon Rahm apuntaba a lo más alto: el mejor del mundo, el número uno. Era lo esperado, antes quizá, que vencer en un grande. Un españolito de Vizcaya es el gran protagonista del golf mundial y precisamente en Estados Unidos donde residen y juegan los mejores del mundo.

Es el mundo al revés. Es como si un estadounidense escalara a lo más alto del escalafón taurino español. Pero lo mejor de todo es que Jon ha sido el segundo, ya que el primero fue otro “torero” que hace ya más de treinta años se subió a lo más alto del ranking mundial del golf. Severiano Ballesteros fue el que antes exploró los campos estadounidenses y marco el camino para los que han llegado después.

Además, lo hizo desde su única inspiración entrenando con un hierro retorcido en la playa de Pedreña.

Jon ha seguido la ruta que en estos tiempos siguen aquellos jugadores que quieren acercarse a los mejores. Primeros pasos en las categorías inferiores en España y Europa, para dar posteriormente el paso al mundo universitario de EE.UU y recalar en el PGA Tour. Esto dicho así parece muy fácil, pero no es un camino de rosas para nadie, incluso para Jon Rahm, el recién encumbrado a lo más alto.

Al margen del talento natural, atrás han quedado muchas horas de trabajo, estar fuera de la familia desde adolescente y un cúmulo de cosas y situaciones que han valido para formar a nuestro número uno.

El pasado domingo en Ohio será una fecha que Jon no olvidará jamás, al margen de ser el día en el que se proclamó de manera brillante el jugador más destacado del mundo, vio como su diferencia de ocho golpes sobre Ryan Palmer quedaba reducida a solo tres. Conociendo por encima a Jon, estoy seguro que de no haberse frenado interiormente, hubiera partido por la mitad todos los palos de la bolsa en un ataque de ira, pero no, en su lucha interna, venció la templanza y se rehízo hasta llegar al final del partido.

Jon Rahm es un hombre de fuerte carácter, motivo por el cual ha tenido que mantener una doble batalla en su vida deportiva. Una, la propia de un jugador de golf que aspira a lo más alto en el campo, la otra, su lucha constante contra la frustración interna que supone un mal golpe. Creo firmemente que está ganando ambas, aunque para él es posible que le haya costado mucho más trabajo y buenos consejos enfrentarse a su fuerte carácter.

Me parece que vamos a tener número uno para rato. Jon ha llegado para quedarse y permanecer en ese puesto tan deseado por él el mayor tiempo posible. Vamos que no será para tan solo un ratito.

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