28 de septiembre de 2020, 11:52:00
Opinión

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Parece que fue ayer cuando...

Por Valentín Requena

Muchas veces hemos despotricado de los tópicos, pero hay que reconocer que en ocasiones son muy socorridos y que cuadran perfectamente con el relato que queremos hacer llegar a los demás. Parece que fue ayer cuando hice la mili, la comunión, las clases en el instituto y así hasta el infinito. Esto viene al pelo de que quiero recordar a los aficionados al golf que Sergio García ha cumplido hace unos días treinta y cinco años y es aquí donde el tópico tiene un cierto valor.


Aunque hayan pasado ya unos pocos añitos no está mal recordar que el castellonense pasó su primer corte en una prueba del Circuito Europeo con tan solo dieciséis años, es decir, hace nada más y nada menos que diecinueve años. Aquello fue realmente relevante cuando todavía no había pasado al profesionalismo y donde se enfrentaba a los mejores del continente y no a los de su edad con los que competía habitualmente.

Aquello no pasó desapercibido, como tampoco lo fue el hecho de que formara parte del equipo de la Ryder Cup con tan solo diecinueve años. Quien no recuerda aquel golpe en el que la bola se encontraba detrás de un árbol, una imagen que dio la vuelta al mundo, porque además se estaba enfrentando a un tal Tiger que por aquel entonces era el coco y el jugador a batir. Podía seguir con victorias, con múltiples detalles que han construido la biografía deportiva de uno de los grandes del deporte nacional.

Pero a Sergio le falta algo que un gran jugador del golf ansía ante todo y sobre todo y sobre todo y no es otra cosa que la consecución de un grande. Ha sido segundo, pero le falta subirse a lo más alto del cajón. Estoy seguro que cuando alcance ese hito, Sergio será otro y esto le dará pié a conseguir otros más.

Siempre he dicho que le falta consistencia. Todos hemos sido testigos de grandes torneos, de magníficas actuaciones en los dos primeros días y fallar el tercero o el cuarto. Los grandes se le resisten, que si el putt, que el desmoronarse cuando ha hecho dos bogies  seguidos, que si pitos que si flautas.

Con el tiempo ha conseguido mejorar muchas cosas, entre otras su actitud en el campo. Ahora, aunque vengan mal dadas, Sergio no tiene esas salidas de pata de banco que tantas veces hemos censurado. Es un jugador más sobrio sin perder ni un ápice de esa frescura que caracteriza al mejor jugador actual del golf nacional.

Me encantaría que este 2015 recién comenzado fuera su año. Fuera el tiempo en que sus sueños se cumplan. Esos sueños que estoy seguro que pasan por la consecución de ese grande que le falta en su tarjeta. Una cartulina llena de triunfos, de golpes maravillosos, de estar siempre instalado en los lugares de privilegio de la clasificación mundial. Sergio ha cumplido treinta y cinco años y parece que fue ayer cuando...

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